Siempre aparecen más.
Uno cree haber terminado el inventario emocional y, de pronto, surge un blog perdido entre contraseñas viejas y cuentas olvidadas.
Como casas abandonadas encontradas en medio del monte.
Entonces vuelven.
No como regresan las novedades, sino como regresan ciertas cosas que uno creyó perdidas para siempre.
Aparecen con nombres conocidos, plantillas antiguas y algún enlace atado con alambre.
Medio rotos.
Medio pixelados.
Pero vivos.
Y uno los mira como quien reconoce a ex compañeros de escuela después de cuarenta años.
Hay algo extraño en ese reconocimiento.
No hace falta recordar cada detalle para saber quiénes son.
Basta una imagen, una frase, una vieja cabecera, para que vuelvan a ocupar su lugar.
Por ahora, los rezagados encontrados son estos:
Y seguramente aparecerán más.
Siempre aparecen más.









